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Hoy me he parado a pensar en todo lo que había creído hasta ahora, había creído en que seriamos amigas para siempre y que serias la dama de honor en mi boda, había creído en el dulce Papa Nöel, en el amable Ratoncito Pérez, había creído en los finales de los cuentos de las Princesas Disney, había creído que de mayor iba a ser como mis muñecas Barbie, había creído en Peter Pan, Campanilla y el Capitán Garfio, y por supuesto El País de Nunca Jamás, había creído en que los martes y 13 daban mala suerte, había creído en el secreto que te contaba Fulanito que le había contado Pepita que Menganita le había dicho que Juanito se había echo pis encima, había creído en los felices no cumpleaños, en el sombrerero loco, y en la liebre de marzo, había creído que llegaría a ser una famosa y saldría por la tele, había creído en que es posible hacer todos los inventos de Phineas y Ferb, incluido el edificio más alto del mundo que llegue a tocar la luna, había creído en los deseos que pedimos a las estrellas fugaces... Pero se me olvidó lo más importante, creer en mi.

Saturday, September 17

Como cada noche...

Ella, hermosa se vestía con su mejor vestido como cada noche...
Esperaba ansiosa alguna noticia de él, se recorría de arriba a abajo toda la habitación y miraba el reloj... Luego, como cada noche se miraba al espejo y se acercaba a su tocador a ponerse algo de color en sus labios, sus ojos verdes brillaban por encima del oscuro maquillaje, y sus largas pestañas daban sombra a sus rosadas mejillas. Sonreía y pensaba en él, como cada noche...
Siempre le esperaba, se inquietaba, y finalmente como cada noche sonaba el teléfono, y era él, facilmente podía apreciarse, su cara se iluminaba al escuchar su voz, mordía sus labios y se retiraba el mechón de la cara.
Pero, una vez más su rostro cambió poco a poco conforme avanzaba la conversación, dejo de hacerse remolinos en el cabello y su sonrisa desapareció, como cada noche...  Al colgar el teléfono una lagrima se desbordo de sus ojos y arrastró junto a ella el negro maquillaje. Seguidas de la primera fueron cien lágrimas más, como cada una de las sesenta negras noches en las que su maquillaje se desbarataba. Luego como cada noche, se desvestia y se acostaba en la cama  inundandola de lágrimas. Y como cada noche desvelada, él protagonizaba todos y cada uno de los pensamientos que ella tenía mientras él no estaba, como cada noche.


4 comments:

  1. Qué bonito y qué triste, la soledad no deseada.
    Un saludo

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  2. Awww noches inmersas de llanto y aun así con dos protagonistas, el que mas resalta, el ausente!!
    que triste!

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  3. ¿No se da cuenta de que ella sufre con su ausencia? triste texto

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  4. mi tipico y triste caso.. D:

    gracias a dios yo me quede con el bebé...

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Muchisimas gracias por visitar mi blog, leerme, y dejarme comentarios, verdaderamente eso es lo que me anima a seguir escribiendo.
Todos los comentarios que me dejeis los respondo:)
un besazo y muchisimas gracias de corazón.
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